noviembre 03, 2009

19. Ante la Obsesión U por la guerra urge Obsesión ciudadana por la Paz

PARADERO 2010

En pos de la convergencia futura impulsemos la transversalidad presente

Por Rubiño
juanrubbini@hotmail.com
www.lapazencolombia.blogspot.com

Audio e Imágenes:
Mercedes Sosa, a su memoria
http://letras.terra.com.br/mercedes-sosa/63324/














Sólo le pido a Dios
Que el dolor no me sea indiferente,
Que la reseca muerte no me encuentre
Vacío y solo sin haber hecho lo suficiente.
Sólo le pido a Dios
Que lo injusto no me sea indiferente,
Que no me abofeteen la otra mejilla
Después que una garra me arañó esta suerte.
Sólo le pido a Dios
Que la guerra no me sea indiferente,
Es un monstruo grande y pisa fuerte
Toda la pobre inocencia de la gente.
Sólo le pido a Dios
Que el engaño no me sea indiferente
Si un traidor puede más que unos cuantos,
Que esos cuantos no lo olviden fácilmente.
Sólo le pido a Dios
Que el futuro no me sea indiferente,
Desahuciado está el que tiene que marchar
A vivir una cultura diferente.

(León Gieco, Sólo le pido a Dios)



Aunque Usted no lo crea la Copa de la Paz tiene a varios equipos –en guerra y desmovilizados- estudiando participar. El de Presidencia –autoexcluido por decisión de Uribe- se niega rotundamente aduciendo que le ha ido mejor –en encuestas y urnas- al descalificar y estigmatizar, combatir y reciclar, marginar y excluir, judicializar y extraditar a los jugadores rivales. Triste porque, para la paz, como para el amor, hacen faltan al menos dos, pero con uno que se niegue no hay paz posible, ni amor tampoco.

Me preguntan por qué no votaré por Uribe en 2010, si se trata de expectativas frustradas o algo más complejo. Tomé la decisión de abstenerme si hay referendo pero no escogí candidato presidencial. No votaré por Uribe, ni Santos ni Arias. No tengo dudas que Pardo honraría el cargo de Presidente y valoro a Fajardo como excelente candidato. Noemí representaría muy bien a Colombia -incluso como Presidenta. Lo que no me suena es que en la coyuntura actual el péndulo pase de Uribe a Petro. Aunque no le vendría nada mal a Colombia un Presidente desmovilizado. En cuanto a Vargas lo veo más sumando a un Gobierno de Pardo que encabezando el propio. Aunque no faltan quienes piensen que la cosa será precisamente al revés. No veo a Mockus en el podio presidencial pero sí me gustaría su presencia en el Gobierno.

Desde donde me ha tocado vivir este partido –los pasillos vecinos al camerino de uno de los equipos que aspiraba –y todavía aspira- ganar para Colombia la Copa de la Paz esperé mucho de Uribe en 2002, bastante menos cuatro años más tarde y ahora solo espero que no pase del 7 de agosto su permanencia en el poder. ¡No más tiempo de reposición, ni más tiempos suplementarios, juez!

Destaco lo de la paz porque le adjudico propiedades socialmente sanadoras y reconstituyentes que exceden en mucho la mera ausencia de guerra. “Es un monstruo grande y pisa fuerte toda la pobre inocencia de la gente”. Increíble pero cierto que los Castaño y Mancuso, muertos y extraditados en el intento de construir paz lo entendieran –como antes Navarro y Petro- y aplicaran a su entero riesgo y que los Uribe y ‘Cano’ sigan en las mismas, aunque, a decir verdad, en esto me resulta más inexplicable lo de Uribe que lo de Cano, incluso más éticamente imperdonable lo de un Presidente por aquello que Uribe si quiere puede, pero ‘Cano’ aunque quiera siempre le costará mucho más desde la clandestina ilegalidad y perseguido y acorralado. Con el fantasma de ser acusado por traición a la causa que siempre acecha a los revolucionarios que escogen el camino de la solución política negociada.
La paz no es el resultado final de la guerra, ni la guerra la gran partera de la Historia. La paz –ya se ha dicho- no es la meta, sino el camino que conduce al fin de la guerra. La paz debe instalarse hoy, sin demora. Podrá convivir con la guerra pero nunca tolerarla. La paz es construcción, no demolición, goza con la vida, no se congratula con la muerte, ni con la propia –esto se entiende- ni con la del enemigo –esto no se advierte en el lenguaje del Presidente ni en el de sus subordinados en la cadena de mando. ¿Amainará la obsesión de este Gobierno por la muerte –es decir, por la guerra- a partir de la competencia plena de la Corte Penal Internacional, bienvenida y sin salvedad ninguna a partir del 1 de noviembre? No creo, porque no entiende ni quiere entender en su terquedad, que su guerra nunca tuvo futuro y, además, la Justicia internacional le ha comenzado a roer el presente. Y para colmo de males está convencido este Gobierno que la Justicia es juez y parte de una “guerra jurídica”, nada menos.

Esto de empecinarse en el camino de la guerra –es decir, más y más víctimas, como si las habidas no fueran suficientes- es grave, muy grave, porque revela que tras siete años de tomar partido por la guerra, el Presidente sigue en las mismas. Hay quienes lo justifican diciendo que la guerra es para presionar una negociación, un maquiavelismo del tipo que el fin justifica los medios. Igualitico a las FARC en esto, aunque hoy son las FARC las que intuyen que si Uribe no continúa en la Presidencia la presión por lanzar propuestas serias y conducentes de paz les vendrá incluso desde su izquierda amiga, continental y vecina, norteamericana y europea también, a la cual no tendrán cómo decirle que no.

El conflicto armado ha atravesado experiencias fracasadas de procesos de paz, no cabe duda, es historia patria. Pero esto no es argumento válido para no insistir en propiciar procesos de paz, sino que obliga a perfeccionar y corregir la búsqueda, a proceder con ponderación en la crítica y autocrítica del porqué de los fracasos. Perseverar en el error es una estupidez –esto también se ha dicho- pero aquí y ahora en Colombia de lo que se trata es de dilucidar dónde radica el error. Si el error radica en buscar ya la paz desde las entrañas de la misma guerra y sus actores, o por el contrario, al insistir en pretender la paz como consecuencia de la victoria en la guerra, donde se imponga la rendición del enemigo y se decrete la paz, no como fruto de una negociación sino consecuencia de una rendición. Esto último es lo que piensa este Gobierno, y no hay indicios de que vaya a cambiar ni hoy, ni mañana ni nunca.

Es por estas diferencias abismales sobre cuál es el camino hacia la paz, por lo que me resisto a que el final del mandato de Uribe se prolongue un solo día más tras el 7 de agosto de 2010. Estoy convencido que el camino de la guerra no lleva a ninguna paz, y como es la paz de Colombia y del mundo mi razón de vivir, dejo claro a quien pudiera pensar diferente que no he sido, no soy ni seré nunca antiuribista.

No hay en esta posición nada personal, ningún rencor por esto o por aquello, no cabe y no sería honesto con quienes me leen. Si yo he logrado ubicarme en las graderías, tras algunos forcejeos intelectuales, al frente del círculo central, al Presidente le ha tocado por esas cosas de la vida –no lo envidio, más bien lo compadezco- ubicarse en un extremo y desde la ‘barra brava’. Desde donde él asiste al partido es más sencillo contagiarse del fanatismo que del respeto por el rival, lanzar el grito insultante que no la frase mesurada, incitar a la violencia que no el fair play, el puño dirigido a la cara del adversario que la mano tendida en son de paz.

Pensándolo un poco más, con solo cambiar algunos articulitos del reglamento el fútbol se podría transformar en boxeo, o el ring en plaza de toros. Y que la sangre decida y la muerte entre y escoja el vencedor.

Si de encrucijadas del alma se trata hace años resolví la mía: estoy dispuesto a morir por mis ideas pero matar para imponer las mías, jamás.

Y esto obliga -en Paz, Reconciliación, Justicia, Verdad y Reparación- también al Estado.

¡Ni más faltaba!


Así la veo yo.


Los 19 artículos que componen la serie publicada –iniciada en diciembre de 2008- de PARADERO están a disposición del lector en www.lapazencolombia.blogspot.com
También encontrarán allí los artículos que integran la ASÍ LA VEO YO iniciada en MARZO de 2005 y dedicada al proceso de paz con las autodefensas.

octubre 26, 2009

143. FARC y Autodefensas: ¡no den papaya!

Urgen nuevas mayorías que construyan la solución política y negociada

Por Juan Rubbini
juanrubbini@hotmail.com
www.lapazencolombia.blogspot.com


“Pero cuando el nudo social comienza a aflojarse y el Estado a debilitarse, cuando los intereses particulares comienzan a hacerse oír y a influir las pequeñas sociedades sobre la grande, se altera el interés común y comienza a encontrar adversarios; la unanimidad deja de reinar en las voces; la voluntad general deja de ser la voluntad de todos… ¿Se sigue de ello que la voluntad general sea aniquilada o corrompida? No; ella siempre es constante, inalterable y pura; pero es subordinada a otras que ganan ventaja sobre ella. Cada uno, al divorciar su interés del interés común, percibe bien que no puede proceder a escindirlo; pero su parte de mal público no le parece nada comparada con el bien exclusivo que pretende apropiarse” (Rousseau, Contrato Social)




El Gobierno intenta con su influencia en la cadena de medios posicionar la idea que las FARC y Chávez constituyen hoy la gran amenaza nacional. Sus triunfos electorales han sido sobre la premisa de derrotar a las FARC y siente el cosquilleo perturbador de razonar algo así como que “si las FARC no existieran habría que reinventarlas”. No se trata de anclarse en tales extremos de simplificación pero, tampoco, se puede minimizar la estrategia del gobierno de alojar en la mente de los ciudadanos la semilla del odio mortal a las guerrillas y sus amigos, así como a las autodefensas y los narcotraficantes. Esto ha producido réditos al gobierno en los años recientes pero ¿repetir la receta seguirá beneficiándolo? El gobierno ha logrado afianzar la idea de que vamos en el camino correcto y que hace falta más tiempo -¿cuatro, ocho, doce años? Privilegia una agenda mediática que predica a diario que la “culebra está viva y merece morir”. Solo recorriendo el camino andado –sin piedad ni contemplaciones- se la podrá aplastar definitivamente.

Curioso que el gobierno pudiera estar razonando que el electorado compró in aeternum la idea de que no hay otro camino que el recorrido hasta aquí para superar el narcotráfico y sus secuelas más o menos directas: las guerrillas, las autodefensas y el paramilitarismo. Curioso, porque no es ético ni cristiano, que sembrando odio se coseche amor, y tampoco que la legitimidad del Estado se obtenga de la guerra fratricida que se alienta en los discursos oficiales y se reproduce en la cadena de medios, hoy tan inclinada hacia el conflicto armado –del lado del Estado- como en tiempos de Pastrana estaba del lado de la idílica paz perpetua.

La opinión podría estar comenzando a impulsar el péndulo del discurso maniqueo hacia la orilla del diálogo, la solución política y la reconciliación. Finalmente son hijos de ciudadanos quienes mueren a raíz de la ausencia de paz, y también quienes delinquen en cualquiera de las ofertas del macabro y variado menú del conflicto armado. Unos consumen droga, otros la producen, hay quienes la comercializan, hay quien se arma de guerrillero y no falta tampoco para completar el cuadro quien juega en alguno de los equipos paramilitares. Todos ellos matan y mueren, por causas subjetivas y objetivas, razonables o no, políticas o no, encadenados por una tragedia que no iniciaron ni saben ni cómo ni por qué el Gobierno colombiano, el Estado colombiano, el Establecimiento colombiano -¿y los Estados Unidos?- no resuelven de una vez y para siempre, en vez de darle largas al asunto como si una inconfesable razón los atara –a ellos, a los poderosos de esta tierra- a la continuación de la guerra. Es aquí, en este otro extremo del hilo del razonamiento donde la opinión podría estar cambiando de bando. No me refiero a que del “culto por Uribe” se esté pasando a la simpatía por los que enfrentan o reemplazan, y finalmente desnudan y ridiculizan al Estado. Sino que la marea humana –carne de cañón y victimizada por unos y por otros- se esté comenzando a cuestionar: ¿no será que hemos perdido el camino correcto cuando celebramos con alivio el rompimiento del Caguán? ¿Será que lo volvimos a perder –el camino correcto- cuando celebramos que a los Mancuso y Cuarenta los encarcelaran y extraditaran, y que a los Castaño los asesinaran? ¿Será que acabar con los procesos de paz y estigmatizar a sus actores en vez de representar la dignidad nacional ha evidenciado la quintaesencia del cinismo de los verdaderos señores de la guerra, aquellos que están juramentados en que no se conozca nunca la verdad que nos liberaría de la guerra y de los guerreristas?

¿Por qué no creerle a los extraditados cuando afirman que lo fueron para que con ellos se extraditara la verdad? ¿Por qué no creerles a las FARC cuando a través de ‘Cano’ insisten que ellos sí están interesados en construir la Paz de verdad, no la de mentiritas ni la del tapen tapen?

Soy de los que cree que prolongar la guerra es el interés de quienes se lucran del narcotráfico, pero no solo ni sobre todo de quienes coyunturalmente operan el negocio sino de quienes, estructuralmente, sienten en sus bolsillos y capitales -de todo tipo- que también se acumulan los ‘beneficios colaterales’ de que el narcotráfico siga existiendo, ilegal y reprimido, por supuesto, porque allí está el secreto a voces, que lo hace tan económicamente lucrativo. No solo de adicción a los narcóticos vive el hombre, sino también de adicción al poder, de cualquier tipo, pero poder al fin.

Hay quienes se han inventado el verbo ‘caguanizar’ para satanizar la paz y la reconciliación. No estoy con ellos. Hay quienes predican el verbo ‘extraditar’ porque saben que mientras haya puertas giratorias, los actores del conflicto seguirán entrando y saliendo, mutando, cuando no muriendo, pero el espectáculo continuará, y con él las taquillas jugosas que financian ambiciones y desmesuras.

Por esto y muchas cosas más, recomiendo hacer de la necesidad virtud. Y a quienes extraditan que digan allá la verdad, toda la verdad, que aquí el gobierno no ha querido que se conozca. A quienes esperan en el monte, marxistas o chavistas, cristianos o paracos, una nueva oportunidad de paz que la sigan construyendo, no dando papaya, a quienes esperan de sus actos terroristas para alimentar la guerra sin final. No es ético, pero tampoco es tiempo de incendiar el país para demostrar la fuerza y supervivencia de una idea de país y de sociedad. Si el curso y discurso de la guerra siguieran solo en poder de quienes se lucran política y económicamente de ello, los ciudadanos de a pie tendrían más razones para creer que la Paz es posible y el diálogo y la reconciliación también.


Así la veo yo.


Los 143 artículos que componen la serie publicada –iniciada en de 2005- de ASÍ LA VEO YO están a disposición del lector en
www.lapazencolombia.blogspot.com
También encontrarán allí los artículos de la serie PARADERO 2010 iniciada en diciembre de 2008.

octubre 16, 2009

3. Historia y Contexto. Autodefensas y paramilitares, actores del conflicto armado y de la paz

3. Gobierno de Belisario Betancur (1982-1986). La descentralización


Colombia: Autodefensas y paramilitares, actores del conflicto armado y de la paz

Idea general, comentarios, selección de textos y resúmenes a cargo de Juan Rubbini (2009)


El acopio de información objetiva y documentada -no sesgada ni parcializada- sobre los grupos paramilitares y de autodefensas se hace difícil de obtener y sistematizar puesto que suelen presentarse sus actuaciones fragmentariamente y de manera aislada e inconexa en los textos a la mano que han intentado poner claridad y hacer precisiones sobre el conflicto armado colombiano.



No existe tampoco un relato consistente que profundice en los diversos aspectos que se han conjugado a través del tiempo para definir el perfil de estas organizaciones armadas que han hecho de la ‘desorganización' un modo de camuflaje en los distintos ambientes geográficos y sociales por los cuales se han ido extendiendo en la medida que las guerrillas se multiplicaban y el Estado se encogía y diluía incapaz de enfrentar exitosamente a la subversión y brindar protección suficiente a los sectores de la sociedad agredidos por la presión guerrillera. Mientras que en el caso de las guerrillas puede seguirse el hilo conductor de su existencia, al menos en sus rasgos más públicos y evidentes, no existe en el estudio del fenómeno paramilitar antecedentes que permitan ir más allá de lo apenas elemental y obvio cuando sería de sumo interés contar con material que permita ahondar en su naturaleza, génesis y tipificación, sin caer en los lugares comunes que han proliferado en el pasado teñidos de sensacionalismo y amarillismo, lo cual poco sirve a la hora de diagnosticar sus mecanismos de reproducción y propagación.


Por esto es tan importante que los procesos de Justicia y Paz sean acompañados por la opinión en búsqueda de evitar que tanto el Estado como los grupos armados ilegales empeñados en proseguir las hostilidades diluyan sus responsabilidades en la degradación y subsistencia misma del conflicto armado utilizando y estigmatizando a quienes se han desarmado y desmovilizado en el marco de su voluntad de reconciliación como los chivos emisarios a quienes por sus confesiones voluntarias -y ante el silencio y las omisiones de verdad por parte de quienes fueron sus enemigos- se los quiere ahora convertir en parias de la sociedad y los únicos y principales responsables de la violencia y la guerra en Colombia. No se trata de reivindicar a los grupos paramilitares y de autodefensas, ni siquiera intentar justificar sus actuaciones en el marco del conflicto armado, mucho menos de caer en la apología del delito, sino de intentar comprender y explicar por qué han sucedido en Colombia las desgracias que siguen sucediendo y qué es lo que realmente corresponde aprender como de la Historia, y ella nos puede enseñar para alentar y difundir como lección que no nos condene a repetir la secuencia de las infamias y los crímenes en nombre de absolutamente ninguna pretendida causa ni bandera.


En el capítulo de hoy nos enfocaremos sobre el aspecto de la descentralización en el gobierno Betancur siendo que es uno de los factores que habiendo sido reclamado históricamente por las guerrillas marxistas vino paradójicamente a ser considerado unos cuantos años después como uno de los elementos que favoreció la economía-política de los grupos de autodefensa y su influencia creciente en la toma de decisiones de las sociedades regionales abrumadas por las guerrillas y relegadas al olvido y desamparo por parte de las políticas emanadas por el Estado central.


Cuando se menciona el inventario de las causas objetivas que favorecieron el desarrollo y propagación de los grupos de autodefensas -asentadas principalmente como el propio conflicto armado en las zonas rurales y colindantes- el asunto de la descentralización entra en juego, y participa del análisis de contexto tanto como los temas de financiación proveniente de distintos eslabones del narcotráfico, ausencia y debilidad del Estado en amplios territorios, contrarreforma agraria y lavado de activos, vínculos con el aparato militar del Estado, presión agresiva de las guerrillas, búsqueda de reconocimiento político, así como con un ramillete de otras causas donde florecen también causas subjetivas poderosas tales como temores por la inseguridad personal, ascenso y reconocimiento social, entre otros.


La complejidad de causas y razones es tan vasta e intrincada que se entiende que sobre estos temas haya tanto confusión explicable como desinformación interesada. Razones suficientes para hurgar, hurgar y hurgar en el aluvión de la Historia esperanzados en que finalmente y como nos recuerdan los Evangelios: "la verdad nos hará libres".


3. Gobierno de Belisario Betancur (1982-1986)
Por Juan Camilo Restrepo
Nueva Historia de Colombia
Editorial Planeta 1989, r. 1998

La descentralización


Con anterioridad al inicio de la administración Betancur, el país venía reclamando una mayor dosis de descentralización. Ya el presidente López Michelsen (1974-1978) había intentado, aunque fallidamente, convocar una Asamblea Constituyente que tendría como uno de sus objetivos principales revisar el régimen departamental y municipal. Posteriormente, durante la administración Turbay Ayala (1978-1982), se continuó con preocupaciones similares. Para tal efecto se convocó una misión de expertos presidida por el académico Richard Bird, cuyas conclusiones serían de mucha utilidad.


Una de las principales conclusiones del informe académico concluido durante la administración Turbay era la de otorgar elasticidad a los tributos departamentales y municipales. Las estadísticas mostraban claramente que mientras los impuestos nacionales (rentas, ventas y aduanas) eran los que crecían más armónicamente, los asignados a las entidades territoriales no se comportaban de la misma manera.


El gobierno tramitó entonces ante el Congreso un proyecto de ley que en buena parte desarrollaba las conclusiones de lo que se conoce como la misión Wiesner-Bird. El resultado de ello fue la ley 14 de 1983, que reestructuró los impuestos de industria y comercio, predial, consumo de licores y cigarrillos, timbre de vehículos, impuesto a la gasolina y las regalías del denominado chance.


La ley 14 fue, sin lugar a dudas, un paso en el camino de la descentralización fiscal de inmensa importancia. Por eso pudo decir el presidente durante la ceremonia de su sanción lo siguiente:


"Probablemente desde 1913 no aprobaba el Congreso una reforma de tan profundas consecuencias descentralizadoras, que sin necesidad de crear nuevas y sofisticadas figuras tributarias, permite superar la debilidad económica y fiscal de municipios y departamentos, cuando las estadísticas venían demostrando cómo mientras en 1930 los departamentos y municipios recibían cerca del 70 % de los recursos públicos, en 1980 sólo estaban recibiendo las transferencias nacionales, el 30 % de dichos recursos".


El otro punto culminante del itinerario descentralizador de la administración Betancur fue la ley 12 de 1986, por medio de la cual se transfirieron importantes porcentajes del producido del IVA para financiar las áreas prioritarias de la inversión municipal. Éste es el antecedente legal inmediato del proceso que el Constituyente de 1991 profundizaría con las disposiciones sobre participación de los municipios en los ingresos corrientes de la nación (artículo 357 de la Constitución).


Con la ley 12 de 1986 se presentó en su momento el mismo fenómeno que hemos presenciado posteriormente con las transferencias acrecidas que decretó el Constituyente de 1991, a saber, que no estuvieron acompañadas de una reducción paralela del tamaño del gobierno central, como era lógico esperar. Cuando se inicia un proceso descentralizador, o cuando se profundiza, ello se hace para transferir a las entidades territoriales no sólo mayores recursos sino también mayores responsabilidades de gasto, con lo cual el gobierno central debe reducirse de tamaño.



Infortunadamente en Colombia las cosas no han resultado así. Primero con la ley 12 de 1986 y después con la Constitución de 1991 se incrementaron sensiblemente los volúmenes de recursos transferidos hacia las entidades territoriales, pero el gobierno central continuó en crecimiento vertiginoso. De ahí que si la situación de las finanzas públicas muestra dificultades, no toda la responsabilidad puede hacerse recaer sobre el proceso de descentralización como a veces se hace con simplismo.


El acto legislativo Nº 1 de 1986, por el cual se dispuso la elección popular de alcaldes, y que como veremos más adelante constituye uno de los puntos culminantes de los cambios políticos introducidos en el país durante la administración Betancur, no se entendería cabalmente si no se le pone en la perspectiva de las dos leyes fiscales cruciales que se expidieron durante el cuatrienio: la ley 14 de 1983 y la ley 12 de 1986.


"La ley 14 de 1983 -afirma Mario Calderón Rivera- fue el punto de partida para definir una nueva perspectiva fiscal para departamentos y municipios. Se buscó primordialmente revivir las fuentes tradicionales de ingresos, en ocasiones mermadas hasta el agotamiento, por causas muy diversas a las cuales no fueron ajenas, desde luego, la incuria y la falta de imaginación. Sin embargo, una ampliación de la base tributaria y un esquema audaz para manejar con eficacia recursos posibles, constituyeron el primer paso para avanzar en el camino que tendría en la ley 12 de 1986 su gran culminación." Así se alimentó nuevas formas de vida política y se dio la oportunidad para renovar la fisonomía integral de la nación. "Sin estos prerrequisitos fiscales y legales la elección popular de alcaldes habría resultado un peligroso salto al vacío".


Elección popular de alcaldes


La idea de elegir popularmente a los alcaldes en Colombia no era nueva. Desde comienzos del siglo XX se venía hablando de ella, y en el Congreso Nacional se habían presentado diversos proyectos de acto legislativo en tal sentido que, sin embargo, no habían prosperado. El tema vuelve a ser mencionado en los acuerdos de La Uribe (con las FARC) que celebra la comisión de paz con los representantes de los alzados en armas. Era un anhelo nacional al cual le faltaba una fuerza catalizadora. El gran mérito de la administración Betancur -y de su ministro Jaime Castro, que jugó papel decisivo en esta empresa- fue haber promovido los diversos acuerdos políticos que hicieron posible la expedición del acto legislativo Nº 1 de 1986.


En términos sencillos, el ministro Jaime Castro explicaba así la trascendencia de la innovación constitucional: "La idea era vieja. Sobre ella prácticamente existía consenso. Lo que ocurría era que, por circunstancias de distinto orden, al momento de la decisión, la voluntad de los gobiernos y de los congresos se paralizaba. Pero había necesidad de convertirla en realidad algún día, por razones de orden político y administrativo. En el mundo actual, cuando está por concluir el siglo XX, no se concibe una organización estatal que no le confiera a los ciudadanos, el derecho a escoger, sin intermediarios, la autoridad que de manera más inmediata decide sobre los asuntos que interesan a esos ciudadanos. Individual o socialmente considerados. Así se amplían y se consolidan los derechos políticos de la comunidad. Hay también razones de orden administrativo, que tienen que ver con la estabilidad del funcionario, con la autoridad, el peso y el respaldo con que cuente para poder ejecutar una tarea en beneficio de la comunidad. El alcalde en otras épocas estaba hecho para presidir las celebraciones históricas, el 20 de julio, el 7 de agosto, el 12 de octubre y pronunciar los discursos respectivos. A medida que ha evolucionado la sociedad y han cambiado las necesidades y aspiraciones de las gentes, el alcalde, que tenía papel puramente decorativo y hacía las veces de Jefe de Estado a nivel municipal, se ha convertido en gestor del progreso y del mejoramiento de la comunidad, en gerente de unos servicios públicos locales. Para el cumplimiento de esa tarea, el alcalde necesita respaldo ciudadano, autoridad política, independencia y estabilidad en el cargo, que solo se garantizan con la elección popular y el período fijo".


Las dudas que algunos pudieron abrigar en un comienzo sobre las bondades de la elección popular de alcaldes están hoy en día superadas. El alcalde ha acercado el gobierno a las comunidades. Con el correr del tiempo, el perfil académico y profesional del alcalde colombiano ha ido mejorando como lo demuestran diversos estudios. Hoy en día sería poco menos que impensable retornar a la situación anterior al acto legislativo Nº 1 de 1986.


Conclusiones


El gobierno de Belisario Betancur fue, en cierta manera, un gobierno de transición hacia el país moderno que se asomaba al siglo XXI.



Podemos afirmar sin temor a equivocarnos que el árbol de tolerancia política y de modernidad institucional que florece con la Constitución de 1991 hunde sus raíces en el terreno abonado por la administración Betancur.


En política internacional, su figura presidencial jugó un papel descollante. La decisión de ingresar al grupo de los No Alineados y los intentos de mediar desde el grupo Contadora en el conflicto centroamericano fueron, quizás, los momentos más vistosos de la gestión internacional.

En próximos capítulos volveremos sobre Belisario Betancur y su presidencia desde otros textos y autores (Nota del editor)


(Continúa...)

octubre 15, 2009

18. ¿Seguridad democrática o Democracia segura?

PARADERO 2010

Volvé Claudia, te perdonamos


Por Rubiño


juanrubbini@hotmail.com
http://www.lapazencolombia.blogspot.com/



“Cuando las relaciones públicas de Gorbachov se convirtieron en una amenaza más seria para los intereses estadounidenses, como había advertido Huntington, y se erosionaron los pretextos convencionales, la “guerra a las drogas” llenó el vacío con rapidez en Latinoamérica, dominio tradicional de la violencia directa o indirecta de los Estados Unidos, para luego metamorfearse en “narcoterrorismo” aprovechando las oportunidades prestadas por el 11-S. Hacia finales del milenio, la asistencia militar y policial estadounidense en el hemisferio superaba la ayuda económica y social. Se trata de un fenómeno nuevo, señalan los analistas: hasta en el apogeo de la Guerra Fría, la ayuda económica excedía a la militar” (Noam Chomsky, Estados fallidos. El abuso del poder y el ataque a la democracia)




Uribe es cada día que pasa más dependiente del referendo –y entonces de los medios- para que el ‘uribismo’ siga gobernando a partir del 7 de agosto de 2010. Ni Santos, ni Noemí, ni Arias le garantizan el triunfo, ni mucho menos son capaces de mantenerse unidos, ni entre sí ni tampoco a él. Claudia López puso el dedo en la llaga –y bien que lo revolvió- donde más le duele al ‘uribismo’, en el poder mediático. Los populismos autoritarios de hoy no se sostienen únicamente en el uso de las armas estatales y paraestatales y la identificación de un enemigo ‘socialmente irrecuperable’ contra el que todo vale; requieren que los medios –convertidos empresarialmente en multimedios- sean fieles y hasta donde se puede sumisos.




Solo así el mecanismo de las encuestas aceita el estado de opinión y reproduce la voz del amo. El estado de opinión se crea y se recrea a través de las correas de transmisión sin las cuales el poder se diluye entre las aguas turbulentas de sus múltiples contradicciones e intereses. Por eso aquí lo que cuenta no son tanto los columnistas sino los canales de televisión, y si El Tiempo juega a favor puede darse el lujo de cierto disenso –en aras de la libertad de expresión- pero jamás hasta el punto de desnudar en público los secretos que el vulgo no puede conocer sin que se ponga en riesgo la estabilidad del edificio. Las columnas sostienen la edificación, o la adornan si es el caso, pero no se concibe que se conviertan en ventanales a través de los cuales el ojo de la plebe se le ‘mete al rancho’ a los dueños de la casa. La ropa sucia se lava en casa, y si no se lava tampoco hay que estar exhibiéndola.




La ‘refe-dependencia’ de Uribe lo volverá cada vez más dependiente de la Justicia, de los medios y de las encuestas.




De la Justicia porque el primer obstáculo lo tiene allí, en la Corte Constitucional, pero lo seguirá teniendo en la Corte Suprema, y no es de descartar –para nada- en la Fiscalía General, en Justicia y Paz y aguas abajo en la Corte Penal Internacional. Esto obligará a Uribe a ser cada día que pasa más cauto en relación con el Poder Judicial, incluso de los Estados Unidos. La estrategia de confrontación con el poder judicial habrá de incorporar ingredientes inéditos en los siete años anteriores de mandato presidencial. Uribe no puede darse el lujo de no buscar acuerdos que equilibren los poderes de la democracia, porque lo que le sirvió para subir por el cocotero no le ha de servir para quedarse en la cima, ni mucho menos para iniciar el inevitable descenso, por aquello de que no hay plazo que no se cumpla, ni deuda que no se pague.




De los medios Uribe solo puede esperar algún reconocimiento sobre el pasado –allí donde aniden sus huevos- pero hacia el futuro cada día le será más difícil. Yo que el gobierno no me alegraría del despido de Claudia López de El Tiempo, porque en el juego político también existe la ley de las compensaciones, y si algo no querrán los dueños de El Tiempo es quedar como habiéndole hecho un favor a José Obdulio, me refiero a un favor adicional al ya muy importante de publicarle sus columnas. No considero que Juan Manuel sea el candidato que más le convenga a El Tiempo, pero tampoco soy de la idea que cuatro años más de Uribe sea lo que realmente esperen para Colombia quienes por talante liberal y progresista siempre tenderán a estar a la izquierda del conservadorismo y no a la derecha que es el perfil donde Uribe ha sacado provecho político gracias al clima nacional “anti Farc” y “anti Chávez”.




No solo del pan vive Uribe sino también y cómo de las encuestas y del famoso teflón. Pero el Presidente no es el dueño de las encuestas sino a la inversa, son las encuestas las que se han convertido en las dueñas del candidato-presidente, y como amas de la casa de Nari cada día exigen más show y sobreactuación del Presidente. Hace unos meses fueron nada menos que siete bases gringas lo que exigieron las encuestas, con tevé en directo desde Bariloche y victimización presidencial del tipo A1H1 para coronar la faena mediática. A partir de aquí las exigencias de la ‘encuestitis’ serán cada día mayores, porque no se tratará solamente de mantener en sintonía al ‘uribista medio’ sino de sintonizar en la onda reeleccionista a la Corte Constitucional.




Aquí yo veo el riesgo de un gobierno obligado a insistir en producir gestos traducibles en puntos de encuestas para que la burbuja favorable no se desinfle ni explote. La adicción puede estar incubando una fuerza destructora que mientras más se brega por inflar la burbuja más se acerca ésta al límite previo a su destrucción o desinfle.




Lo que los ‘falsos positivos’ no afectaron sí lo va a afectar el caso AIS (Agro Ingreso Seguro), cuando se bucee en sus profundidades. Y a partir del craso error de Andrés Felipe, la tentación de incentivar el revisionismo sobre casos de estos últimos siete años que yacen insepultos será grande. Y no solo la oposición lo hará sino que también los medios se verán tentados de hacer caja con todo aquello que en su momento no horadó el teflón pero que hoy puede lograr en pocos meses lo que antes no se pudo en años.




Entonces la Justicia se quitará la venda y caminará menos coja para que no se diga entre las nuevas mayorías que sucumbió ante el poder presidencial –precisamente en el siglo de los jueces-.




Entonces las encuestas irán desandando el camino y desnudando al rey –como hoy lo hacen con su séquito- que comenzará a ser visto con otros ojos y sobre todo con otra mirada menos complaciente y nada cómplice. Yo no fui, yo no sabía, ¿qué me iba a imaginar yo? ¿y todo por una reelección o dos?




Llegaremos de tumbo en tumbo a la gran encuesta, la de las urnas, y allí sabremos si repetimos la dosis o si pasamos definitivamente la hoja.




La cuestión no es tanto entre más de lo mismo, o renovación y cambio, sino de saber mezclar distinto las barajas del mazo: hasta aquí fue ‘seguridad democrática’, donde el sustantivo no resultó tan seguro como en la propaganda, ni el adjetivo tan democrático como hubiéramos querido.




Sería bueno procurar ahora que la democracia ascienda a sustantivo y la seguridad acompañe como adjetivo.




Por una democracia segura votaré yo, porque lo primero es lo primero y lo segundo es lo segundo.



Así la veo yo.





Los 18 artículos que componen la serie publicada –iniciada en diciembre de 2008- de PARADERO están a disposición del lector en http://www.lapazencolombia.blogspot.com/




También encontrarán allí los artículos que integran la serie ASÍ LA VEO YO iniciada en MARZO de 2005 y dedicada al proceso de paz con las autodefensas.